Autor: Javier Vásconez
Cuando la melancolÃa es el tono dominante en una novela, la complicidad con el lector no resulta fácil. En general, el lector prefiere la acción, los hechos realizados y comprobables, la historia objetiva. Todo aquello que implique un viaje interior, o una búsqueda personal con cierto hermetismo, dificulta la sintonÃa rápida y segura. Los sentimientos propios de un personaje que ha tocado fondo y que está de vuelta de una experiencia demoledora, conviven con una carga de escepticismo. Todo esto produce incomodidad porque remueve aspectos de nosotros mismos que nos disgustan. Sabemos que una situación lÃmite perturba, molesta, deprime, y nos enfrenta con una realidad muy dura que preferimos no ver. Este es el tono de “El viajero de Praga”. Como lo es también el de las obras de Juan Carlos Onetti, las de Henry Miller, o el de Julio Cortázar en “Rayuela”, por poner otros ejemplos.
Y esta dificultad, que la conoce también el escritor, no hace que retroceda en su empeño. Fiel al espÃritu de su obra, sigue narrando sin hacer concesiones de ninguna clase.






