Autora: Irene Némirovsky
Cuando el lector se fascina con una novela y tiene dificultad para señalar con rapidez el por qué de esa fascinación, se siente receptor de un maravilloso regalo. Luego surgirá el análisis, si él quiere que surja, y se irán encontrando ciertos logros. Pero en casos como éstos la lectura se realiza con abandono, avanzar es un auténtico placer, se lee para seguir disfrutando, para conocer mejor a los personajes que resultan cercanos y recorrer con ellos unos kilómetros más.
Irene Némirovsky era ucraniana de nacimiento, de origen judío, y francesa por adopción. El haber tenido que abandonar Rusia muy joven por la revolución del año 1917, sumado a una difícil relación con su madre, despierta en ella una actitud crítica y hasta cierto punto marginal, que le permite observar el mundo que la rodea con cierto desapego. Percibe desde joven los errores que comete su gente y no se calla, enjuicia. Mantiene una actitud rebelde e inconformista, elementos que añaden lucidez a su prosa.






